Follow by Email

jueves, 6 de diciembre de 2012



Los sistemas universitarios actuales se mueven dentro del modelo de desarrollo de influencia filosófico positivista que se orienta por la ideología del progreso. En este paradigma, la investigación, el estudio de las ciencias y sus aplicaciones tecnológicas deben producir un impacto productivo y social, puntos nodales en los que asienta la ideología (Didou, 2007: 115). La universidad debe permitir la inserción del estudiante en esta cultura de la investigación para la ciencia y debe probar, cada vez más, que está cumpliendo ese rol. Para este control, comienza a producirse un proceso de valoración académica que clasifica y jerarquiza a las universidades. Un índice que permite este control es la publicación científica. La cantidad de elementos preparados para ser parte de este modelo repercute en el estatus de la universidad y de las naciones. El acceso al conocimiento se asocia a la calidad y cantidad de recursos materiales y humanos disponibles para su descubrimiento e incorporación al sistema productivo y social para producir bienestar y progreso (Lema, 2007:111). Esto justifica que la articulación entre investigación-profesión-posgrado se haya constituido en el misión de la actual vida académica universitaria.
Adicionalmente y sobre todo en los países del primer mundo, se ha impuesto un modelo orientado hacia el mercado como fin último y como modo de supervivencia de las academias. Ciertas universidades ya autofinancian sus labores con los ingresos que reciben por las patentes que han creado una verdadera reinvención en la vida de las universidades. La Universidad de Florida, para citar un caso, patentó la bebida Gaterade, y ha recibido más de cien millones de dólares por los beneficios de su venta. Muchas instituciones se ofertan mencionando el número de patentes que han registrado. Esta oferta es parte de la nueva dinámica que ve a la universidad como una empresa.


                                                                              La escritura dentro de la universidad


Las universidades, que se fundaron en Europa en la Baja Edad Media en el seno de las escuelas catedralicias y de las escuelas monásticas, fueron comunidades orales, sustentadas inicialmente en el interés por el conocimiento y más adelante en la instrucción profesional. Este carácter oral responde a la visión medieval imperante, una cultura  auditivo-oral, basada especialmente en la retórica más que en la composición escrita, y también responde a la tecnología de la escritura, una tarea que era muy fatigosa por el material con que se llevaba a cabo en esa época.
La enseñanza era oral y los exámenes o instrumentos de evaluación eran, si es que existían (muchas veces, los estudiantes aprobaban con solo asistir a clases), también eran orales. El método de enseñanza exigía actividades de aprendizaje orales: la lección y la disputa. La lección consistía en una lectura con comentario de los textos. La disputatio o enfrentamiento verbal erudito servía para desplegar la habilidad para razonar y manejar los textos sagrados o profanos. Los debates de enseñanza ocurrían entre académicos, el estudiante debía participar en ellos como parte de su examen. 
La demanda de libros para los estudiantes marcó grandes cambios que repercutirían en la lectura y en la escritura. Como el método de enseñanza exigía interpretación y comentario de textos para emitir juicios, era fundamental reparar en el sentido del escrito y formar una opinión y para ello no bastaba con la lectura pública, entonces se comienza a extender la lectura silenciosa. Los textos escritos, por su parte, comenzaron a diseñarse en función del acto de lectura, así habrían de surgir los encabezados, las columnas, los signos de puntuación, los colores, la estructuración jerárquica de la información, entre otras innovaciones.
El libro como material de estudio apremió la duplicación de textos, los copistas se profesionalizaron y de su labor saldrían las primeras bibliotecas. La copia de textos era vigilada, corregida y aprobaba por los miembros universitarios, en algunas universidades hubo talleres de copiado que se servían de las pecias. Parece que fueron las primeras tareas de escritura estrictamente vinculadas con los académicos. Con el tiempo, esta actividad pasó de la universidad a manos privadas, así se constituyeron los libreros. La escritura se vio incrementada por los tratados escolares y de apostillas, a lo que se adiciona el aumento del número de personas dotadas para leer y escribir y la multiplicación de las traducciones.
En general, los estudiantes tenían muy pocas tareas de escritura. Lo más probable es que hayan realizado apuntes y glosas en los textos que debían leer para comprenderlos mejor. También se sabe que disponían de un cuaderno escolar o diario de clase para redacciones o para tomar apuntes. Se conocen textos marginales como escrituras en bancos, puertas o baños. La capacidad de escribir era requisito formal para superar ciertas pruebas en algunas universidades. Esta documentado que en 1308 los candidatos a Master of Arts en Gramática por Oxford debía aprobar un examen de escritura en prosa y verso. La prueba trataba sobre todo de verificar si el estudiante poseía conocimiento del código escrito, especialmente del latín, lingua de la ciencia. El empeño por el uso del latín fue tal que los estudiantes que no lo empleaban eran castigados con multas.
Más tarde, la escritura se articuló con la retórica y la literatura. Bajo la dirección del rethor se hacían ejercicios programados de escritura que iban de las construcciones más simples a las más complejas. La importancia de la retórica dio lugar a que en Oxford y Cambridge se erigieron facultades de Gramática a mediados del siglo xiv.
El Renacimiento supone un cambio en la concepción y utilización de la escritura. Cada vez era más urgente escribir para actividades comerciales y mercantiles. Este hecho, unido a la nueva tecnología para escribir (la imprenta), la llegada de libros orientales, la aparición de una literatura que ya no se hacía para la voz ni estaba bajo el dominio de la interpretación de los textos religiosos, provocó que la escritura pasara a ocupar un lugar fundamental dentro de la sociedad y dentro de la academia. 
Hacia fines del siglo xix, los papeles escritos como fuentes de evaluación en la educación comenzaron a ser dominantes y reemplazaron largamente a las formas tradicionales de evaluación. La potencialidad que acreditaba la escritura en la administración y el comercio se trasladó al aula. Los textos escritos, en contraposición con los textos orales, eran más durables, y su puesta en práctica facilitaba la recepción de la evaluación. Con el tiempo, los territorios académicos fueron cada vez más devotos de la escritura que terminó por instituirse y por ser una destreza imprescindible, aunque no se tenía la conciencia de que escribir implicara competencias según los dominios disciplinares, así que no se  proveyó de instrucciones para su uso. 
En el siglo xix se iniciaron una serie de reformas tácitas en algunas facultades norteamericanas que se ocuparon ya de la escritura de sus estudiantes. Durante la Primera Guerra Mundial emanaron varias reformas similares en algunas universidades norteamericanas que comenzaron a hegemonizar el panorama académico. El movimiento de Escribir a través del Currículo de los años setenta fue seguido por un conjunto de especificaciones pedagógicas para la enseñanza de la escritura. En los años ochenta, estuvieron orientadas hacia los procesos cognitivos involucrados en quien escribe, luego las corrientes pusieron énfasis en la contextualización del acto, centrándose en las prácticas de aula y examinaron los tipos de tareas de escritura propuestas y, más recientemente, se abrieron al contexto educativo y su repercusión en el aprendizaje de los estudiantes, enfatizando los problema que experimentan durante la composición.


miércoles, 5 de diciembre de 2012

He abierto este blog como parte de mis tareas de tesis de doctorado. Deseo obtener cualquier contribución que pueda ayudarme a desarrollarlo. El tema de mi tesis es la escritura académica, centrada en los textos que escriben los estudiantes como parte de sus tareas. No es un blog que enseña cómo escribir,  más bien está interesado en la escritura como un hecho linguístico. Me interesa averiguar qué tipos de textos se escriben, qué reglas se siguen para los escritos y cómo estas influyen en los escritos. Por supuesto que, de una u otra manera, contribuirá a la didáctica de la escritura. Mis posts buscan ir explicitando algunos aspectos de mis investigaciones para que puedan ser comentados por quienes estén interesados o trabajen ya en el tema. 
Son bienvenidos a seguirme.
Gloria Riera Rodríguez